Resumen: El cambio de condiciones
de las economías, la competencia,
la presión para reducir
y hasta eliminar el desperdicio
de recursos, instalaciones con
mayor complejidad, aumento del
impacto y significado de los paros
y las reparaciones en la interrelación
de unidades productivas y de servicios
generan una mayor exigencia al
concepto de “ser confiable”,
y la mejora de la “confiabilidad”
adquiere un papel protagónico
en el desempeño de la empresas.
La palabra confiabilidad se usa
ahora con mucha frecuencia; infortunadamente
algunas veces lo hacen desconociendo
el contexto y la real implicación.
Existen diversas técnicas
de mejoramiento en la confiabilidad
de los activos, y ha venido desarrollándose
un constante asedio de publicidad
con el uso de esta palabra: “Cultura
de confiabilidad”, “confiabilidad
operacional”, “departamento
de confiabilidad”, “ingenieros
de confiabilidad”, “repuestos
centrados en confiabilidad”,
“mantenimiento centrado
en confiabilidad”, “factores
universales para determinar la
confiabilidad”, “congresos
de mantenimiento sobre confiabilidad”,
“logrando una confiabilidad
de clase mundial”, entre
otros.
En
estos momentos confiabilidad es
la palabra de moda. La pregunta
es: ¿Los responsables de
mantenimiento conocen conscientemente
las mejores prácticas para
buscar la “óptima
confiabilidad”?
Las compañías exitosas
han hecho un esfuerzo concertado
para incorporar sus estrategias
de mejoramiento en mantenimiento
con otras iniciativas corporativas,
evitando o previniendo el síndrome
de la “campaña”
del momento o la cresta de la
ola o la promoción del
mes”. La mejor muestra de
que este esfuerzo deja satisfacciones
es apoyado en el hecho de se convierte
en una política, durable
y estable.